jueves, 24 de mayo de 2018

Ayuda para la restauración del techo de nuestra Catedral



AVISO IMPORTANTE

La Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio (Madrid) necesita la ayuda de todos para la restauración general del techo del templo debido a la aparición de filtraciones de agua (goteras).

¡Muchísimas gracias por la comprensión!

Que Dios proteja a todos.

Número de cuenta: ES63 2100 1417 1602 0043 3017 (CAIX ES BB).

lunes, 21 de mayo de 2018

21/05 - Santos Constantino y Elena, Isapóstoles


El Emperador Constantino el Grande era hijo de Constancio Flor gobernador de la parte occidental del Imperio Romano, (Galia y Bretaña), y de la Santa Equiapostólica Elena. Por deseo del Emperador Diocleciano, en su adolescencia (a los 18 años) fue alejado de sus padres en calidad de rehén, y vivió en la corte de Nicomedia. Cuando el Emperador Diocleciano renunció al trono, Constantino volvió a Galia, y en el año 306, después de la muerte del Emperador Constancio fue nombrado emperador.

Su madre lo predispuso a tomar el cristianismo. Su padre aunque era pagano, defendía a los cristianos, viendo que estos eran fieles servidores y dignos habitantes. En la corte de Diocleciano en aquel tiempo cuando todavía la Iglesia no era perseguida había cristianos que ocupaban distintos cargos y Constantino tenia en ellos muchos ejemplos que atestiguaban su honor y lealtad al trabajo. También él vio los horrores de la persecución y la extraordinaria fortaleza de los confesores de Cristo; ello también lo predispuso en su causa. Posteriormente el mismo Constantino reconoció, que su estadía en la corte de Diocleciano contribuyó mucho para su conversión al cristianismo: “Yo me alejaba de los anteriores gobernantes hasta ahora, decía él, pues veía el salvajismo de sus costumbres.”

Por su carácter él era, activo, belicoso, previsor, perspicaz, allegado a todos y generoso. Constantino era un genio mundial y no en vano fue elegido por la Divina Providencia del Señor para realizar un cambio grandioso en el imperio y en todo el mundo.

Durante su reinado el Emperador Constantino luchó en especial contra tres enemigos, y durante ese combate gradualmente, y decididamente se volcó hacia la recepción de la Santa Fe.

En el año 308, él con suerte salió de la lucha con el Emperador Maximino Hérculo, y se apuró a expresar su agradecimiento con riquísimas ofrendas en el templo de Apolo. En ello quedó demostrado el rasgo dominante en el carácter de Constantino: a pesar de que todavía seguía siendo pagano, él era una persona religiosa, y el motivo de sus hazañas la dirigía hacia la ayuda del Cielo.

En el año 312 se produjo una guerra nueva entre el Emperador Constantino y el Emperador Majencio. En el transcurso de esta guerra, poco antes del momento decisorio de la misma, en horas del mediodía, cuando el sol comenzó a inclinarse hacia el occidente (poniente), con sus propios ojos Constantino vio sobre el Cielo una Cruz ilumináda con esta inscripción “Con El Vencerás” (en Griego NIKA). Durante la noche el Señor se le presentó en sueño con el mismo símbolo de la Cruz y le dijo, que con este símbolo él iba a vencer al enemigo. Al día siguiente por orden de Constantino, en todos los emblemas de su tropa fueron hechas las imágenes de la Santa Cruz.

Al obtener la victoria sobre Majencio, Constantino, triunfante entró a Roma, y aquí en la plaza ordenó poner su estatua con la Cruz en la mano derecha con la siguiente inscripción “Con este símbolo salvador, yo salvé a la ciudad del yugo del tirano.” Después de esta victoria el Emperador Constantino, junto con su yerno Licinio editó el primer manifiesto, permitiendo a todos profesar el cristianismo sin temor. El segundo manifiesto firmado por él en el año 313, ordenaba la devolución a los cristianos los lugares destinados a los Divinos oficios y todo el patrimonio arrebatado en tiempos de persecución.

Mientras tanto el amigable trato entre el Emperador Constantino y Licinio poco a poco se fue disipando, transformándose en una pelea abierta. Esta lucha definía el destino de los cristianos en el Imperio Romano, pues Licinio, sospechando que los cristianos orientales tenían un apego hacia Constantino, primero comenzó a oprimirlos, luego pasó a una persecución abierta, en cambio Constantino amparaba abiertamente a los cristianos. Ambos emperadores se preparaban a una batalla decisoria, cada uno de acuerdo a su fe. Los oráculos vaticinaban la victoria de Licinio y los cristianos rezaban por Constantino. Dios le otorgó la victoria a Constantino en la batalla cerca de Adrianópolis (322). Licinio perdió el trono y la vida. Constantino se transformó en soberano absoluto del imperio, y el cristianismo salió triunfante.

El Emperador Constantino dedicó toda su vida al bienestar de la Iglesia, y le hizo tanto bien a ella, que tiene merecido la denominacion de Equiapostólico. Desde su época las reparticiones gubernamentales, las normas, el servicio militar, comenzaron a orientarse sobre exigencias, que están contenidas dentro del cristianismo.

Se pueden señalar las siguientes medidas y actividades del Emperador Constantino a favor del cristianismo, además de los edictos citados, correlativamente, en el año 314 puso fin a los juegos paganos, (313-315) liberó al clero de las obligaciones ciudadanas, y a las tierras de la Iglesia de los impuestos en general, (315) suprimió la pena de muerte a través de la crucifixión y edito una severa norma contra los judíos, que se sublevaban contra la Iglesia, (316) permitió liberar a los esclavos ante la Iglesia sin formalidades especiales, las cuales eran muy engorrosas en los juicios civiles, (319) prohibió a las personas particulares ofrecer sacrificios a los ídolos, y realizar adivinaciones en sus casas, (321) ordenó festejar el día domingo en todo el imperio, (325) para proteger a las vírgenes cristianas cambió las leyes de los romanos contra el celibato. Concedió a la Iglesia el derecho de recibir donación de bienes, permitió tomar altos cargos gubernamentales a los cristianos, ordenó construir templos cristianos y prohibió introducir en ellos, imágenes y estatuas de emperadores, a usanza de los templos paganos.

Sobre todo el Emp. Constantino encontraba oposición en Roma, en la cual el partido pagano era fuerte. Esta oposición de los paganos se descubrió, en especial cuando se festejaban los 20 años del reinado de Constantino, enfriando sus relaciones con la anterior capital del imperio. Finalmente dejó Roma, y estableció una nueva capital cristiana sobre las orillas del Bósforo, invitando a los obispos cristianos para bendecirla solemnemente, llamándola Constantinopla. En esta nueva capital del imperio en lugar de templos paganos comenzaron a construir templos cristianos, y en vez de estatuas de dioses paganos — imágenes sagradas.
El Emperador Constantino prestó mucha atención a la agitación provocada en la Iglesia, por el cisma de los donatistas y en especial, por la herejía de Arrio, tratando de todas maneras de unir a los divididos. Uno de los grandes méritos de Constantino fue — convocar el primer Concilio Ecuménico en el año 325 en la ciudad de Nicea.

Constantino con todo el alma se dedicó a la Iglesia, pero a pesar de ello, de acuerdo a las costumbres de esa época, no se bautizó hasta los últimos días de su vida. Cuando sintió que llegaban los últimos momentos de su vida, entonces piadosamente recibió este gran sacramento, y murió mientras rezaba el día 21 de mayo del año 337. La historia le adicionó a su nombre (el calificativo de) “el Grande.” La iglesia por sus grandes servicios lo denominó “Equiapóstolico”.



Fuente: www.iglesiaortodoxagriega.cl

21/05 - San Mancio, Obispo y Mártir


Romano de origen, la tradición dice que fue vendido como esclavo a unos mercaderes judíos que lo llevaron a Évora (actual Portugal), donde fue martirizado.

Llegó a ser obispo de Évora.

Sus restos serían trasladados a Villanueva de San Mancio en Valladolid. (s. V.)

sábado, 19 de mayo de 2018

Domingo de los Santos Padres del I Concilio Ecuménico. Lecturas de la Divina Liturgia


Hech. 20,16-18.28-36: Pablo había resuelto pasar de largo por Éfeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando llegaron donde él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia, «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. «Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño; y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. «Ahora os encomiendo a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados. «Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.» Dicho esto se puso de rodillas y oro con todos ellos.

Jn. 17,1-13: Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.

jueves, 17 de mayo de 2018

"Cuidar até ao fim com compaixão". Declaração conjunta das religiões de Portugal


Oito religiões subscrevem o documento assinado esta quarta-feira, numa tomada de posição conjunta contra a eutanásia.

CUIDAR ATÉ AO FIM COM COMPAIXÃO

Declaração do Grupo de Trabalho Inter-religioso Religiões-Saúde

O debate em curso na sociedade portuguesa sobre a realidade a que se tem chamado “morte assistida” convoca todos a realizarem uma reflexão e a oferecerem o seu contributo para enriquecer um processo de diálogo que necessita da intervenção da pluralidade dos atores sociais. As Tradições religiosas são portadoras de uma mensagem sobre a vida e a morte do homem, bem como sobre o modelo de sociedade que constituímos, e é legítimo e necessário que a apresentem, com humildade e liberdade.

Agora que a Assembleia da República vai discutir e colocar em votação propostas de uma eventual lei sobre a eutanásia, nós, as comunidades religiosas presentes em Portugal signatárias, conscientes de que vivemos um momento de grande importância para o nosso presente e o nosso futuro coletivo, declaramos:

1. A dignidade daquele que sofre

Acreditamos que cada ser humano é único e, como tal, insubstituível e necessário à sociedade de que faz parte, sujeito de uma dignidade intrínseca anterior a todo e qualquer critério de qualidade de vida e de utilidade, até à morte natural. A vida não só não perde dignidade quando se aproxima do seu termo, como a particular vulnerabilidade de que se reveste nesta etapa é, antes, um título de especial dignidade que pede proximidade e cuidado. Assumimos que todo o sofrimento evitável deve ser evitado e, por isso, estamos gratos porque o desenvolvimento das ciências médicas e farmacológicas alcançou um tal patamar de desenvolvimento que permite o eficaz alívio da dor e a promoção do bem-estar. Contudo, não ignoramos o carácter dramático do sofrimento e a dificuldade de que se reveste a elaboração de um sentido para o viver. Sabemos que a religião oferece uma possibilidade de sentido a quem acredita, mas sabemos também, pela experiência do acompanhamento de tantos que não são religiosos, que não depende de o ser a possibilidade de encontrar sentido para o próprio sofrimento. Com esses aprendemos, aliás, que nesta tarefa reside uma das maiores realizações da dignidade pessoal. A dignidade da pessoa não depende senão do facto da sua existência como sujeito humano e a autonomia pessoal não pode ser esvaziada do seu significado social.

2. Por uma sociedade misericordiosa e compassiva

O sofrimento do fim de vida é, para cada pessoa, um desafio espiritual e, para a sociedade, um desafio ético. Comuns às diferentes Tradições religiosas, princípios como a misericórdia e a compaixão configuraram, ao longo da história da civilização, modelos sociais capazes de criar, em cada momento, modos precisos de acompanhar e cuidar os membros mais frágeis da sociedade. Hoje, o morrer humano é um dos âmbitos em que este desafio nos interpela. O que nos é pedido não é que desistamos daqueles que vivem o período terminal da vida, oferecendo-lhes a possibilidade legal da opção pela morte, à qual pode conduzir a experiência do sofrimento sem cuidados adequados. Esse é o verdadeiro sofrimento intolerável, que cria condições para o desejo de morrer. Nasce de uma sociedade que abandona, que se desumaniza, que se torna indiferente. Confirma-nos nesta convicção a experiência de que quem se sente acompanhado não desespera perante a morte e não pede para morrer. O que nos é pedido é, pois, que nos comprometamos mais profundamente com os que vivem esta etapa, assumindo a exigência de lhes oferecer a possibilidade de uma morte humanamente acompanhada.

3. Os Cuidados Paliativos, uma exigência inadiável 

Acreditamos que os cuidados paliativos são a concretização mais completa desta resposta que o Estado não pode deixar de dar, porque aliam a maior competência científica e técnica com a competência na compaixão, ambas imprescindíveis para cuidar de quem atravessa a fase final da vida. A verdadeira compaixão não é insistir em tratamentos fúteis, na tentativa de prolongar a vida, mas ajudar a pessoa a viver o mais humanamente possível a própria morte, respeitando a naturalidade desta. Os cuidados paliativos fazem-no, valorizando a pessoa até ao seu fim natural, aliviando o seu sofrimento e combatendo a solidão pela presença da família e de outros que lhe sejam significativos. Interpelamos a sociedade portuguesa para corresponder à exigência não mais adiável de estender a todos o acesso aos cuidados paliativos e assumimos a disponibilidade e a vontade de fazermos tudo o que esteja ao nosso alcance para participar neste verdadeiro desígnio nacional. E não podemos deixar de interrogar se a presente discussão, antes de realizado este investimento, não enfermará de falta de propósito.

As Tradições religiosas professam que a vida é um dom precioso e, para as religiões abraâmicas, um dom de Deus e, como tal, se reveste de carácter sagrado; mas este apenas confirma a sua dignidade natural, da qual derivam a sua inviolabilidade e indisponibilidade intrínsecas, que, portanto, não dependem da fundamentação religiosa. Mas a religião confere à vida um sentido, uma esperança, uma outra possibilidade de transcendência. As sociedades precisam desta visão do humano ao lado de todas as outras.

Nós, comunidades religiosas presentes em Portugal, acreditamos que a vida humana é inviolável até à morte natural e perfilhamos um modelo compassivo de sociedade e, por estas razões, em nome da humanidade e do futuro da comunidade humana, causa da religião, nos sentimos chamados a intervir no presente debate sobre a morte assistida, manifestando a nossa oposição à sua legalização em qualquer das suas formas, seja o suicídio assistido, seja a eutanásia.

Por isso assinamos em conjunto a presente Declaração.

Lisboa, 16 de maio de 2018
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Aliança Evangélica Portuguesa
Pastor Jorge Humberto, em representação do Presidente da Aliança Evangélica Portuguesa, Dr. Pedro Calaim
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Comunidade Hindu Portuguesa
Sr. Kiritkumar Bachu
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Comunidade Islâmica de Lisboa
Sheik David Munir
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Comunidade Israelita de Lisboa
Rabino Natan Peres
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Igreja Católica
Cardeal Patriarca D. Manuel Clemente
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Patriarcado Ecuménico de Constantinopla
Arcipreste Ivan Moody
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União Budista Portuguesa
Eng.º Diogo Lopes
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União Portuguesa dos Adventistas do Sétimo Dia
Pastor António Carvalho, em representação do Presidente da União Portuguesa dos Adventistas do Sétimo Dia, Pastor António Amorim

miércoles, 16 de mayo de 2018

Ascensión a los Cielos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo


Jesús después de Su Resurrección no vivió junto a sus discípulos como lo había hecho antes de su muerte. Lleno de la gloria de su divinidad, apareció a los suyos en distintos lugares y en distintos momentos, asegurándoles que en verdad era Él, pero en adelante vivo en su cuerpo resucitado y glorificado. Después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios (Hech 1:3). Se utiliza el periodo de tiempo de cuarenta días en la Biblia a menudo. Significa un periodo de cumplimiento y plenitud (Gen 7:17; Éx 16:35; 24,18; Jue 3:11; I Sam 17:16; I Rey 19:8; Jon 3:4; Mt 4:2).

Cuarenta días después de su pascua, Jesús ascendió a los cielos para ser glorificado a la diestra del Padre (Hech 1:9-11; Mc 16:19; Lc 24:51). La Ascensión de Cristo es su partida física final de este mundo después de Su Resurrección. Es el cumplimiento de su misión en este mundo como el Salvador Mesiánico. Es su glorioso retorno al Padre quien lo había enviado al mundo para llevar a cabo la obra que le había designado (Jn 17:4-5). “Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo” (Lc 24:51-52).

La celebración que la Iglesia hace en esta fiesta de la Ascensión, tal como en todas las demás fiestas de este tipo, no es un simple recordatorio de algún acontecimiento sobrenatural en la vida de Jesús. Las Sagradas Escrituras enfatizan la partida física de Cristo y su glorificación por Dios Padre, junto al gran regocijo que experimentaron los discípulos al recibir la promesa del Espíritu Santo quien vendría para asegurarles la presencia del Señor con ellos, capacitándoles para ser sus testigos hasta los confines de la tierra (Lc 24:48-53; Hech 1:8-11; Mt 28:16-20; Mc 16:16-19)

En la Iglesia, los creyentes celebran estos acontecimientos con la convicción de que la partida de Cristo desde este mundo ha sucedido para ellos y para la humanidad entera. El Señor se va para que sea glorificado junto a Dios Padre y para glorificarnos a nosotros juntamente con Él. Él se va para preparar un lugar para nosotros, y para llevarnos a todos a la dicha y bienaventuranza de la presencia de Dios. Nos abre el camino para que todos podamos entrar “al santuario celestial… el Lugar santo no hecho por manos humanas”. Se va para poder enviar el Espíritu Santo, quien procede del Padre, y dará testimonio acerca de Él y Su Evangelio en el mundo, haciéndolo poderosamente presente en la vida de sus discípulos.

Los himnos litúrgicos de la fiesta de la Ascensión hablan de todo esto. Los versos para las antífonas de la Divina Liturgia son tomados de los salmos 47, 48 y 49. El tropario de la fiesta que se canta en la Pequeña Entrada es cantado también después de la comunión, en lugar del himno “Hemos Visto la verdadera Luz”.

Vídeo / fotografías - Taller de canto bizantino en El Castillo de las Guardas