martes, 30 de enero de 2018

¡Por muchos años!


Felicitamos a Su Majestad el Rey Don Felipe VI de España, que celebra hoy, 30 de enero, su cumpleaños.

¡Por muchos años!

domingo, 28 de enero de 2018

Βαρκελώνη - Εβδομάδα Προσευχής Για Την Ενότητα Των Χριστιανών


Όπως κάθε χρόνο η “Εβδομάδα προσευχής για την ενότητα των χριστιανών” 18-25 Ιανουαρίου, καλεί όλους τους χριστιανούς να αφιερώσουν λίγο πνευματικό χρόνο μέσα από την προσευχή και τον διάλογο, για τον ιερό σκοπό της ενότητας όλων των χριστιανών ανά τον κόσμο.

Σε πνεύμα αγάπης και συμφιλίωσης πραγματοποιήθηκε και στη Βαρκελώνη η έναρξη αυτής της εβδομάδας, στον μεγάλο καθεδρικό ναό της πόλεως “Αγία Ευλαλία”. Στην εκδήλωση αυτή ο εφημέριος του ναού μας π.Χριστόδουλος, παραβρέθηκε ως εκπρόσωπος της Ιεράς Μητροπόλεως Ισπανίας και Πορτογαλίας και του Οικουμενικού Πατριαρχείου και έψαλε το κατά Ματθαίον ευαγγέλιο 25 (31-46) στα ελληνικά και την Κυριακή 21 Ιανουαρίου το βράδυ στη μεγάλη εκκλησία Basilica de a Concepcion μίλησε για τη μεταμόρφωση του ανθρώπου όταν γνωρίζει τον Χριστό μέσα από τη μετάνοια, καλώντας όλους να γίνουν απόστολοι και ευαγγελιστές του Χριστού ο καθένας με τον τρόπο του, παρ΄όλες τις αδυναμίες του καθενός, γιατί ο Σωτήρας Κύριος μας δέχεται όπως είμαστε και με τη θεότητά του φροντίζει για τη σωτηρία μας.


Πηγή: Ελληνική Εκκλησία Βαρκελώνης

sábado, 27 de enero de 2018

Domingo del Publicano y el Fariseo. Comienza el Triodio. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 18,10-14: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba consigo mismo de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo". Pero el publicano, de pie a cierta distancia, no quería ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, sé propicio a mí, que soy pecador". Os digo que éste descendió a casa justificado en lugar del primero. Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

miércoles, 24 de enero de 2018

Memoria de actividades de S.E. Policarpo en el mes de diciembre de 2017


01/12: Por la mañana asistió a la celebración del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia en la iglesia de San Jorge en Edirnekapi (Constantinopla). Al mediodía almorzó en la Mesa Patriarcal y después saludó a Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé con ocasión de su vuelta a España. Por la noche asistió en la iglesia de San Jorge en Bakirköy (Constantinopla) a la celebración del Oficio Sagrado de Vigilia (Grandes Vísperas, Maitines, Divina Liturgia) con ocasión de la Fiesta de San Porfirio el Nuevo Causocalibita (Monte Athos) el Taumaturgo, presidido por el Ordinario del lugar, el Emmo. Metropolita de Dercon Apóstol.

02/12: Volvió a Madrid. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo.

03/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo XIV de Lucas, al término de la cual presidió el Oficio Sagrado de Artoclasia con ocasión de la reciente Fiesta de San Andrés Apóstol, patrono de nuestra Catedral (30/11), y la procesión dentro la Catedral del icono sagrado del nuevo Santo Jacobo Tsalikis de Eubea el Taumaturgo, recientemente canonizado por el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual presidió un breve Oficio de Súplica a la SSma. Madre de Dios con ocasión de la gran Fiesta litúrgica de su Entrada en el Templo según el calendario juliano (04/12).

04/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de Santa Bárbara gran mártir y la de la Entrada de la SSma. Madre de Dios en el Templo según el calendario juliano.

05/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas Solemnes por la Fiesta de San Nicolás.

06/12: Presidió desde el Trono Episcopal (jorostasía) la celebración en la Catedral del Oficio de Maitines y de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Nicolás, Arzobispo de Mira, el Taumaturgo. Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita del Trono Ecuménico Demetrio, Vicario General, en la recepción ofrecida en el Congreso de los Diputados por parte de su Excma. Sra. Presidenta con ocasión del “Día de la Constitución”.

08/12: Celebró la Divina Liturgia Pontifical en el Templo de nuestra Parroquia Eslava del Santo Gran Mártir Jorge y de la SSma. Madre de Dios de Pilar en Zaragoza con ocasión de la Fiesta de la Concepción de la Virgen Santísima por su madre Santa Ana (09/12). Después asistió a la fiesta navideña ofrecida por niños y padres de dicha parroquia, seguida por el almuerzo festivo comunitario.

09/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo.

10/12: Celebró la Divina Liturgia Pontifical del Domingo X de Lucas en el Templo de nuestra Parroquia de Tradición Rusa de los SS. Simeón el Nuevo Teólogo e Inocencio de Moscú en Alicante, al inicio de la cual ordenó de Subdiácono a su Lector Oleksandr, originario de Ucrania, y al final de la cual elevó a la dignidad de Arcipreste Mitrado a su párroco, el Rvdmo. Padre Osios. Seguidamente participó en el almuerzo festivo comunitario.

11/12: Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita Philip, Vicario Metropolitano para Portugal y Galicia, en la presentación en la Universidad Abierta de Lisboa del “Calendario Interreligioso 2018”, a cuya preparación constibuyó dicho clérigo nuestro. 

12/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Espiridón, obispo en Chipre Taumaturgo, y del Santo Apóstol Andrés según el calendario juliano (13/12).

14/12: Asistió en la Catedral a la Oración ecuménica con ocasión del Adviento del Foro Ecuménico “Pentecostés” de Madrid, presidida por el Rvdmo. Archimandrita del Trono Ecuménico Demetrio, Vicario General, que predicó la Palabra de Dios. Seguidamente estuvo representado por el mismo clérigo en la reunión ordinaria de dicho Foro en los locales de nuestra Catedral.

15/12: Se encontró en su despacho con el Emmo. Metropolita Antonio para Europa Central y Occidental del Patriarcado de Bulgaria, con el cual almorzó. Por la noche, junto con los clérigos de la Catedral, celebró el Sacramento del Óleo Santo para el mes de diciembre y las cercanas fiestas navideñas.

16/12: Estuvo representado por el Rvdmo. Archimandrita del Trono Ecuménico Demetrio, Vicario General, y el Lector Francisco José Pino en el tradicional concierto navideño en la Basílica de la Santa Cruz de la Abadía Benedictina del Valle de los Caídos (Madrid).

17/12: Celebró la Divina Liturgia del Domingo XI de Lucas (SS. Progenitores de Cristo) en el Templo de nuestra Parroquia Ortodoxa Griega de Valencia con ocasión de las cercanas fiestas navideñas. Seguidamente participó en el almuerzo festivo ofrecido por el Comandante griego en el Comando local de la OTAN.

18/12: Estuvo representado: a) por el Rvdmo. Archimandrita Mitrado Pablo en la presentación en Sevilla del proyecto ”SomosMás” contra el odio y la violencia, en presencia del Excmo. Sr. Director General de Cooperación Jurídica Internacional y Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, y b) por el Rvdmo. Archimandrita Philip, Vicario Metropolitano para Portugal y Galicia, en la recepción en la sede del Parlamento Portugués en Lisboa en honor del Excmo. Sr. Presidente de Ucrania, Petro Porosenko, con ocasión de su visita oficial a Portugal.

19/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta de San Nicolás Taumaturgo según el calendario juliano.

22/12: Asistió en la Catedral a la celebración del Oficio Sagrado de las Grandes y Reales Horas de la Navidad.

23/12: Por la mañana asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia prefestiva navideña. Por mediodía, acompañado por el Rvdmo. Arcipreste Mitrado Konstantín, Párroco Ortodoxo Ucraniano de Madrid, asistió en la Escuela Ucraniana situada en la zona madrileña de Embajadores a la tradicional fiesta de sus alumnos con ocasión de la Fiesta de San Nicolás según el calendario juliano (19/12). Por la tardemasistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo.

24/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo antes de la Navidad. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid, al término de la cual presidió el Oficio de Conmemoración de los Difuntos con ocasión de las cercanas fiestas navideñas según el calendario juliano. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas Solemnes de la Navidad de Nuestro Señor.

25/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines seguido por la Divina Liturgia Pontifical por la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

26/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia Pontifical por la Fiesta litúrgica de la Sinaxis de la SSma. Madre de Dios.

27/12: Asistió en la Catedral a la celebración de la Divina Liturgia por la Fiesta del Santo Protomártir y Archidiácono Esteban.

30/12: Asistió en la Catedral a la celebración de las Vísperas del Domingo.

31/12: Presidió en la Catedral la celebración del Oficio de Maitines seguido por la Divina Liturgia Pontifical del Domingo antes la Santa Epifanía. Seguidamente asistió en la Catedral a la celebración, a las 13:00 horas, de la Divina Liturgia de nuestra Parroquia Ortodoxa Ucraniana de Madrid. Por la tarde asistió en la Catedral a la celebración de las Grandes Vísperas Solemnes por la Fiesta de la Circuncisión del Señor y de San Basilio Magno.

martes, 23 de enero de 2018

23/01 - San Ildefonso, Obispo de Toledo


Vida

Para reconstruir su biografía, además de los datos contenidos en sus obras, disponemos principalmente del Beati Ildephonsi Elogium de San Julián de Toledo, contemporáneo suyo y segundo sucesor en la sede toledana, escrita como apéndice al De viris illustribus (PL 96,43-44). La Vita vel gesta S. Ildephonsi Sedis Toletanae Episcopi, atribuida a Cixila, obispo de Toledo ca. 774-783 (PL 96,44-88; Flórez, V,501-520), donde se mencionan por primera vez los milagros de su vida y la Vita Ildephonsi Archiepiscopi Toletani de fray Rodrigo Manuel Cerratense, s. XIII (Flórez V,521-525), añaden al Elogium tradiciones posteriores con tinte legendario.

Nacido en el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de estirpe germánica, era miembro de una de las distintas familias regias visigodas. Según una tradición que recoge Nicolás Antonio (Bibliotheca Hispana Vetus, PL 96,11), fue sobrino del obispo de Toledo San Eugenio III, quien comenzó su educación. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo (De vir. ill. 7: PL 96,202). En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el Monasterio de Agali o agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la voluntad de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse siguiendo a Flórez (V,276) en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio, y como se deduce del De vir. ill. con el que pretende exaltar la sede toledana y quizá mostrar el papel privilegiado que correspondía al monasterio Agaliense. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. En la correspondencia mantenida con Quirico, obispo de Barcelona, se lamenta de las dificultades de su época. A ellas atribuye el Elogium que dejase incompletos algunos escritos. Muere el 667, siendo sepultado en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora.

Milagro del encuentro con la Virgen

La noche del 18 de diciembre del 665 San Ildefonso junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María al ir hizo una seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. La importancia que adquiere este hecho milagroso sucedido en plena Hispania Ghotorum y transmitido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos ha sido muy grande para Toledo y su catedral. Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana y que no se trata de una de las muchas historias piadosas medievales que brotaron de la fantasía popular. En la catedral los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

Obras

De las reseñadas en el Elogium se conservan las siguientes:

Sobre la virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles (De virginitate Sanctae Mariae contra tres infideles), su obra principal y más estimada, de estilo muy cuidado y llena de entusiasmo y devoción marianos (fue llamado el Capellán de la Virgen en la comedia que, con ese mismo título, escribió Lope de Vega). Los tres herejes a que se refiere son Joviniano y Elvidio, refutados ya por San Jerónimo, y un judío anónimo. Esto da pie a pensar que intenta refutar a algunos de su época, que, quizá por influencia judía, resucitaban los mismos errores. Consta de una oración inicial y de 12 capítulos. En el primero defiende contra Joviniano la virginidad de María en la concepción y en el parto; en el segundo mantiene contra Elvidio que María fue siempre virgen; a partir del tercero muestra que Jesucristo es Dios y la integridad perpetua de María. Depende estrechamente de San Agustín y San Isidoro, y constituye el punto de arranque de la teología mariana en España. Fue traducida por el Arcipreste de Talavera.

Comentario sobre el conocimiento del bautismo (como reseña San Julián) o Anotaciones sobre el conocimiento del bautismo (Liber de cognitione baptismi unus), descubierto por E. Baluze y publicado en el libro VI de su Miscelánea (París 1738). Es de sumo interés para la historia del bautismo en España. Escrito con finalidad pastoral, expone al pueblo sencillo la doctrina de la Tradición sobre este sacramento. Dividido en 142 capítulos, en los 13 primeros trata de la creación del hombre y de la caída original; en los cap. 14-16, del bautismo de Juan y del bautismo de Cristo, afirmando que sólo el último perdona los pecados; en 17-35, expone cómo se ha de recibir el bautismo y explica las ceremonias; en 36-95, explica el Credo, que ha de aprenderse de memoria (es un valioso documento para el estudio de la historia del Símbolo en España); en 9.6-131, vuelve sobre las ceremonias bautismales; en 131-137, explica el Padrenuestro; en 138-140 trata de la Comunión, y en 141-142 explica la liturgia del lunes y martes de Pascua como coronación de las ceremonias de la iniciación cristiana. Las fuentes principales son: las Enarrationes in psalmos de San Agustín, las Moralia de San Gregorio Magno y las Etimologías de San Isidoro.

Sobre el progreso del desierto espiritual (De progressu spiritualis deserti), prolongación de la obra precedente. Tras el bautismo, simbolizado por el paso del mar Rojo, el alma camina por el Evangelio, como los israelitas por el desierto. Utiliza excesivamente la alegoría.

Sobre los varones ilustres (De viris illustribus), continuación del de San Isidoro. A diferencia de éste, enumera no sólo a escritores, sino a eclesiásticos ilustres por su santidad o dotes de gobierno. De los 13 personajes que en ella figuran, 7 son toledanos. En cambio, autores tan importantes como Braulio de Zaragoza o Isidoro de Sevilla, son apenas destacados. En el estilo y noticias depende de San Jerónimo, Genadio y San Isidoro. Aunque no está reseñada esta obra en el Elogium, dada la atribución manuscrita que se la atribuye unánimemente, puede darse por auténtica.

Finalmente, se conservan dos Cartas dirigidas a Quirico de Barcelona. No se conservan las siguientes: Liber prosopopejae imbecillitatis propriae, Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, Opusculum adnotationum actionis propriae, Opusculum adnotationum in sacris. El Elogium habla de misas compuestas por Ildefonso, himnos y sermones; la tradición manuscrita le atribuye algunos, que la mayor parte de los críticos toman como apócrifos.

Doctrina

El Elogium dice de Ildefonso que fue notable por su elocuencia. Muy enraizado en la tradición patrística, su esfuerzo principal estriba en dar al pueblo en forma asequible «la doctrina de los antiguos». Su teología es fundamentalmente mariana y sacramentaria. Merece destacarse la claridad con que afirma su fe en el parto virginal: «No quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virg., cap. I), y la insistencia con que la proclama Madre de todos los hombres. En la doctrina sacramentaria, recomienda la comunión diaria («Pedimos en esta oración del padrenuestro que este pan, el mismo Cristo, se nos dé cada día», Anot., cap. 136), defiende que el bautismo administrado por los herejes es válido y no debe iterarse (ib. 121), y que no es válido, en cambio, si se omite en la fórmula alguna de las tres divinas Personas. El bautismo sólo pueden conferirlo los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad (ib. 115). Después habla de la Confirmación, relacionándola con el sacerdocio de los fieles: «Puesto que somos raza de elección y sacerdocio real, somos ungidos después del bautismo del agua con el crisma» (ib. 123) y de la infusión del Espíritu por la imposición de las manos (ib. 128).

Las posibles aportaciones ildefonsianas a la Liturgia Hispana

La fiesta de Santa María: En un contexto de afianzamiento de la fe católica frente a un arrianismo que no terminaba de superarse del todo particularmente en algunos ambientes visigodos relacionados tal vez económica y organizativamente con grupos judíos, se perfila una remodelación del antiguo calendario que permita un contexto más favorable para celebrar el misterio de la Encarnación del Verbo a la celebración de la maternidad virginal de María.El arrianismo caló fuertemente en los visigodos, no por una convicción, sino por la sintonía de este con las concepciones religiosas bastante simples de un pueblo guerrero y no muy dado a al distinción sutil.El abad Ildefonso, autor del canon 1º del X Concilio de Toledo (656), que fija la fiesta de la Encarnación (25 de marzo) o de Santa María en la fecha adventicia del 18 de diciembre a ocho días de la Navidad (25 de diciembre). A el también se le atribuyen la Misa y el Oficio de esta fiesta así como algunos posibles retoques en la Misa de Navidad.

Alusiones a la Virgen María en otros lugares de la liturgia: En España a Santa María, la Madre del Señor, se la conoce como “La Virgen”, tal y como en Francia es “Nuestra Señora” o en Italia “La Señora”. Se debe a San Ildefonso y a como caló en el pueblo cristiano su teología.

Con todo esto se puede percibir hasta que punto el siglo de Ildefonso (589-711) es un siglo apasionante en la vida de la Iglesia española y que se refleja fuertemente en su impronta sobre la Liturgia, la Teología y la Espiritualidad.


Fuente: Wikipedia

lunes, 22 de enero de 2018

Homilía del Archimandrita Demetrio en la SOUC 2018 de Valladolid (Castilla y León)



Homilía pronunciada en Valladolid en el Acto Interconfesional durante la Semana de                   Oración por la Unidad de los Cristianos el 20 de enero 2018

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"Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder"

Nuestra fe, en tanto que se apoya en la Palabra de Dios, nos da la certeza de realidades referidas, primero a Dios mismo, después, a los designios de Dios sobre los hombres. Certezas que no podemos ver, ni tocar, ni explicarlas por nuestra razón o nuestros sentidos. Solamente las conocemos porque Dios nos las ha revelado, nos las ha dado a conocer. Dios revela sus designios mediante su intervención en la historia de la Humanidad.

El Cristianismo no es sólo una doctrina ni una teoría, ni siquiera un conjunto de verdades intemporales. En el corazón de la doctrina cristiana hay una historia de salvación, una historia de las intervenciones de Dios para manifestarse Él mismo y para manifestar su deseo de salvación para toda la Humanidad y toda la creación.

Para los Santos Padres, el texto fundamental de la antropología cristiana son las palabras del Génesis:"Y dijo Dios: Hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza". Cada santo Padre comenta este pasaje a su manera, pero todos convergen en la misma interpretación: el Hombre ha sido creado por la diestra poderosa de Dios para participar en su vida o, como dicen los más audaces, para ser divinizado. Contrariamente a lo que se dice desde los platónicos hasta ciertas corrientes espirituales de nuestros días, el hombre no posee, por su naturaleza, la más mínima partícula de divinidad, pero sí ha sido creado apto para recibir de Dios una participación en su vida, a condición de aceptar y consentir esa gracia divina. Lo que la diestra poderosa de Dios inscribe en el hombre es cierta capacidad, que se activa en nuestro bautismo, para que la imagen inicial se convierta en semejanza mediante la colaboración de la libertad del hombre con las energías increadas de Dios.

El psicoanálisis moderno, inspirado mayormente en Freud, piensa que en el hombre hay dos tendencias: el deseo y la agresividad, pero que son controladas por la presión social externa para no convertir a la sociedad en la ley de la selva. Los Santos Padres creen que sí, que hay dos tendencias en el hombre, pero que estas son buenas aunque se desvíen por el mal uso que hace el hombre de su libertad. En el corazón del hombre, y que normalmente llamamos la voz de la conciencia, hay un sentido del bien, un deseo del bien, incluso un sentido de Dios más o menos oscurecido por las pasiones, pero que puede ser combatido no sólo por la presión externa, sino también por la ascesis del hombre ayudado por la gracia. San Agustín, a pesar de cierta visión suya negativa del hombre, nos lo dice claramente: "Nos hiciste, Señor, para tí y nuestro corazón no encuentra reposo hasta que descanse en ti". Aquí vemos que el fondo de la naturaleza humana es bueno, que el pecado no es más que una desviación, pero que la diestra de Dios nos ha dotado de la tendencia de dirigirnos hacia Él, nos ha dado la capacidad de oponernos a todo lo que en nosotros, o a nuestro alrededor, va en contra de su reino y su voluntad.

El poder creador de Dios, su Palabra, rompe nuestras cadenas, sobre todo la más terrible de ellas: la muerte. El centro de nuestra fe es la resurrección; la resurrección de Cristo en primer lugar, después, la resurrección en Cristo al final de los tiempos. Porque ese final de los tiempos no es una catástrofe, aunque vaya acompañada de sucesos catastróficos. Al contrario, ante todo será una liberación; será el cumplimiento de los designios de Dios para el hombre y la creación; un designio colectivo que nos concierne a cada uno de nosotros de manera personal, no individual. No hay individualismo en la salvación. El hombre será salvo en tanto que es miembro de un pueblo, en tanto que es comunión con sus hermanos.

Esa es la verdadera finalidad de la Humanidad, ese es el verdadero fin del mundo; no una destrucción, sino, por el contrario, la entrada en una total plenitud en la vida de Dios a la que estamos llamados desde que fuimos creados por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. A Él la gloria por los siglos de los siglos.

P. Archimandrita Demetrio (Sáez)

Fotos - Acto ecuménico en Málaga (Andalucía)

Fotos - Oficio ecuménico en Valladolid (Castilla y León)

domingo, 21 de enero de 2018

Fotos - Visita pastoral de S.E. Policarpo à Batalha

21/01 - Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, Mártires



En Tarragona, año 259

Siendo emperadores Valeriano y Galieno, y Emiliano y Baso cónsules, el diecisiete de las calendas de febrero (el 16 de enero), un domingo, fueron prendidos Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio, diáconos. Cuando el obispo Fructuoso estaba ya acostado, se dirigieron a su casa un pelotón de soldados de los llamados beneficiarios, cuyos nombres son: Aurelio, Festucio, Elio, Polencio, Donato y Máximo. Cuando el obispo oyó sus pisadas, se levantó apresuradamente y salió a su encuentro en chinelas. Los soldados le dijeron:

- Ven con nosotros, pues el presidente te manda llamar junto con tus diáconos.

Respondióles el obispo Fructuoso:

- Vamos, pues; o si me lo permitís, me calzaré antes. Replicaron los soldados:

- Cálzate tranquilamente.

Apenas llegaron, los metieron en la cárcel. Allí, Fructuoso, cierto y alegre de la corona del Señor a que era llamado, oraba sin interrupción. La comunidad de hermanos estaba también con él, asistiéndole y rogándole que se acordara de ellos.

Otro día bautizó en la cárcel a un hermano nuestro, por nombre Rogaciano.

En la cárcel pasaron seis días, y el viernes, el doce de las calendas de febrero (21 de enero), fueron llevados ante el tribunal y se celebró el juicio.

El presidente Emiliano dijo:

- Que pasen Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio. Los oficiales del tribunal contestaron:

- Aquí están.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Te has enterado de lo que han mandado los emperadores?

FRUCTUOSO — Ignoro qué hayan mandado; pero, en todo caso, yo soy cristiano.

EMILIANO — Han mandado que se adore a los dioses.

FRUCTUOSO— Yo adoro a un solo Dios, el que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene.

EMILIANO — ¿Es que no sabes que hay dioses?

FRUCTUOSO — No lo sé.

EMILIANO — Pues pronto lo vas a saber.

El obispo Fructuoso recogió su mirada en el Señor y se puso a orar dentro de sí.

El presidente Emiliano concluyó:

— ¿Quiénes son obedecidos, quiénes temidos, quiénes adorados, si no se da culto a los dioses ni se adoran las estatuas de los emperadores?

El presidente Emiliano se volvió al diácono Augurio y le dijo: - No hagas caso de las palabras de Fructuoso.


Augurio, diácono, repuso:

- Yo doy culto al Dios omnipotente.

El presidente Emiliano dijo al diácono Eulogio:

- ¿También tú adoras a Fructuoso?


Eulogio, diácono, dijo:

- Yo no adoro a Fructuoso, sino que adoro al mismo a quien adora Fructuoso.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Eres obispo?

FRUCTUOSO — Lo soy.

EMILIANO — Pues has terminado de serlo.

Y dio sentencia de que fueran quemados vivos.

Cuando el obispo Fructuoso, acompañado de sus diáconos, era conducido al anfiteatro, el pueblo se condolía del obispo Fructuoso, pues se había captado el cariño, no sólo de parte de los hermanos, sino hasta de los gentiles. En efecto, él era tal como el Espíritu Santo declaró debe ser el obispo por boca de aquel vaso de elección, el bienaventurado Pablo, doctor de las naciones. De ahí que los hermanos que sabían caminaba su obispo a tan grande gloria, más bien se alegraban que se dolían.

De camino, muchos, movidos de fraterna caridad, ofrecían a los mártires que tomaran un vaso de una mixtura expresamente preparada; mas el obispo lo rechazó, diciendo:

- Todavía no es hora de romper el ayuno. Era, en efecto, la hora cuarta del día; es decir, las diez de la mañana. Por cierto que ya el miércoles, en la cárcel, habían solemnemente celebrado la estación. Y ahora, el viernes, se apresuraba, alegre y seguro, a romper el ayuno con los mártires y profetas en el paraíso, que el Señor tiene preparado para los que le aman.

Llegados que fueron al anfiteatro, acercósele al obispo un lector suyo, por nombre Augustal, y, entre lágrimas, le suplicó le permitiera descalzarle. El bienaventurado mártir contestó:

- Déjalo, hijo; yo me descalzaré por mí mismo, pues me siento fuerte y me inunda la alegría por la certeza de la promesa del Señor.

Apenas se hubo descalzado, un camarada de milicia, hermano nuestro, por nombre Félix, se le acercó también y, tomándole la mano derecha, le rogó que se acordara de él. El santo varón Fructuoso, con clara voz que todos oyeron, le contestó:

- Yo tengo que acordarme de la Iglesia, extendida de Oriente a Occidente.

Puesto, pues, en el centro del anfiteatro, como se llegara ya el momento, digamos más bien de alcanzar la corona inmarcesible que de sufrir la pena, a pesar de que le estaban observando los soldados beneficiarios de la guardia del pretorio, cuyos nombres antes recordamos, el obispo Fructuoso, por aviso juntamente e inspiración del Espíritu Santo, dijo de manera que lo pudieron oír nuestros hermanos:

- No os ha de faltar pastor ni es posible falte la caridad y promesa del Señor, aquí lo mismo que en lo por venir. Esto que estáis viendo, no es sino sufrimiento de un momento.

Habiendo así consolado a los hermanos, entraron en su salvación, dignos y dichosos en su mismo martirio, pues merecieron sentir, según la promesa, el fruto de las Santas Escrituras. Y, en efecto, fueron semejantes a Ananías, Azarías y Misael, a fin de que también en ellos se pudiera contemplar una imagen de la Trinidad divina. Y fue así que, puestos los tres en medio de la hoguera, no les faltó la asistencia del Padre ni la ayuda del Hijo ni la compañía del Espíritu Santo, que andaba en medio del fuego.

Apenas las llamas quemaron los lazos con que les habían atado las manos, acordándose ellos de la oración divina y de su ordinaria costumbre, llenos de gozo, dobladas las rodillas, seguros de la resurrección, puestos en la figura del trofeo del Señor, estuvieron suplicando al Señor hasta el momento en que juntos exhalaron sus almas.

Después de esto, no faltaron los acostumbrados prodigios del Señor, y dos de nuestros hermanos, Babilán y Migdonio, que pertenecían a la casa del presidente Emiliano, vieron cómo se abría el cielo y mostraron a la propia hija de Emiliano cómo subían coronados al cielo Fructuoso y sus diáconos, cuando aún estaban clavadas en tierra las estacas a que los habían atado. Llamaron también a Emiliano diciéndole:

—Ven y ve a los que hoy condenaste, cómo son restituidos a su cielo y a su esperanza.

Acudió, efectivamente, Emiliano, pero no fue digno de verlos.

Los hermanos, por su parte, abandonados como ovejas sin pastor, se sentían angustiados, no porque hicieran duelo de Fructuoso, sino porque le echaban de menos, recordando la fe y combate de cada uno de los mártires.

Venida la noche, se apresuraron a volver al anfiteatro, llevando vino consigo para apagar los huesos medio encendidos. Después de esto, reuniendo las cenizas de los mártires, cada cual tomaba para sí lo que podía haber a las manos […]

¡Oh bienaventurados mártires, que fueron probados por el fuego, como oro precioso, vestidos de la loriga de la fe y del yelmo de la salvación; que fueron coronados con diadema y corona inmarcesible, porque pisotearon la cabeza del diablo! ¡Oh bienaventurados mártires, que merecieron morada digna en el cielo, de pie a la derecha de Cristo, bendiciendo a Dios Padre omnipotente y a nuestro Señor Jesucristo, hijo suyo!

Recibió el Señor a sus mártires en paz por su buena confesión, a quien es honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

(BAC 75, 788-794)

XV Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 19,1-10: Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más». Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombres es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

martes, 16 de enero de 2018

16/01 - San Quirico, obispo de Barcelona


Quírico fue obispo de Barcelona en la segunda mitad del siglo VII, aunque no se conocen con exactitud los años de su pontificado. Su nombre aparece entre los firmantes de las actas del X Concilio de Toledo del año 656. Es posible que hubiera accedido al cargo poco antes, tras el VIII Concilio de Toledo del 653. Por lo que se refiere a su muerte, se suele aceptar que ésta se produjo en torno al año 666. Esta última fecha se deduce de la posición que su sucesor Idalio ocupa en las suscripciones de las actas conciliares.

Se carteó con Ildefonso de Toledo y con Tajón de Zaragoza, intercambio epistolar del que hemos conservado dos cartas dirigidas al primero y una al segundo. Se le adjudica asimismo la paternidad de un himno en honor a Eulalia de Barcelona, composición en la que se le atribuye también la construcción de un convento junto al sepulcro de la santa.

Por lo que se refiere a las dos cartas dirigidas a Ildefonso, la primera se encuadra en el viaje que Quírico realizó a la capital del reino en el año 656 con motivo del X Concilio de Toledo. Entre los asuntos discutidos en este sínodo, se aprobó en primer lugar una fecha fija para la celebración de la fiesta de Santa María, el 18 de diciembre. En este ambiente de devoción mariana se situaría el ofrecimiento por parte de Ildefonso, a la sazón abad del monasterio de Agali, en las cercanías de Toledo, de una copia de su De uirginitate perpetua sanctae Mariae (CPL 1247) a su amigo Quírico. De vuelta a Barcelona, Quírico escribió a finales del 656 o a principios del 657 una carta de agradecimiento por el regalo recibido en la que explica el solaz que la lectura de esta obrita le ha reportado y en la que ensalza la capacidad de Ildefonso de hacer inteligible a todos, pequeños y grandes, el misterio de la Encarnación y del Nacimiento de Cristo. Hemos conservado también la respuesta del propio Ildefonso a esta misiva en la que éste hace recaer todo el mérito de su obra en Dios.

En la segunda carta, escrita entre los años 657 y 666, Quírico anima al por entonces ya obispo de Toledo a que, haciendo uso del talento recibido por obra del Espíritu Santo, continúe con sus estudios y arroje luz sobre los pasajes oscuros de las Sagradas Escrituras, pues muchos serán los que se beneficien de semejante trabajo. Esta misiva de ánimo concluye con una petición personal, pues Quírico ruega al prelado toledano que le envíe todo cuanto escriba. Como en el caso anterior, también ha llegado hasta nosotros la carta de respuesta de Ildefonso, quien confiesa que sus obligaciones le impiden consagrarse por completo al estudio de las Escrituras (cf. ILDEFONSO DE TOLEDO).

La tercera misiva que conservamos de este obispo es la que dirigió a Tajón de Zaragoza. Éste había enviado a Quírico un ejemplar de sus Sentencias, obra en la que se ofrece de forma asequible una exposición de los principales aspectos de la doctrina cristiana utilizando para ello los escritos de Isidoro de Sevilla, Agustín de Hipona y, sobre todo, Gregorio Magno. La obra había sido escrita a instancias del propio Quírico, como indica la carta prefacio que la encabeza, por lo que Tajón le había ofrecido un ejemplar para que la leyera y, por lo visto, también para que la copiara. Parece ser que Quírico dilató demasiado la devolución del manuscrito que se le había prestado, lo que supuso el requerimiento por parte de Tajón. Por fin, el obispo de Barcelona escribe una carta en la que loa el trabajo que Tajón ha llevado a cabo y lo anima a proseguirlo, al tiempo que se disculpa por el retraso en el envío del manuscrito. La carta de Quírico se incorporó a los manuscritos que transmiten las Sentencias, por lo que su fortuna ha corrido paralela a esta obra de Tajón.

Se atribuye también a Quírico la composición de un himno en honor de santa Eulalia de Barcelona: Fulget hic honor sepulcri (Chevalier 6627; cf. HIMNARIO VISIGÓTICO-MOZÁRABE). Compuesto en septenarios trocaicos cuantitativos, está formado por catorce estrofas de tres versos cada una (= 42 versos).


Fuente: www.larramendi.es

sábado, 13 de enero de 2018

14/01 - San Julián, Obispo de Toledo


"Nació en la misma ciudad de Toledo, recibió el bautismo en la iglesia catedralicia de Santa María y fue educado en los claustros de dicho templo." Así nos introduce en la semblanza de San Julián el primero de sus biógrafos e inmediato sucesor en la sede metropolitana. De estirpe judía, aunque de padres ya cristianos, su nacimiento vino a ser como flor lozana y fragante que redime de espinas a la zarza en que brotó.

Muy niño, este toledano auténtico fue ofrecido por sus padres para que en calidad de oblato se educase en los claustros de la basílica metropolitana para el servicio del santuario.

Allí recibió su formación espiritual y literaria bajo la dirección del preceptor Eugenio, el más distinguido poeta de toda la época y que, después de haber regido como metropolitano la sede toledana, es hoy venerado como santo.

Durante el tiempo de permanencia en el atrio episcopal, Julián trabó estrechísima amistad con su compañero Gudila y se resalta el paralelismo de aquellas dos vidas destinadas a ocupar puestos de gran relieve en la administración eclesiástica de su tiempo. Hubo un momento en la vida de ambos en el que de mutuo acuerdo pensaron seriamente en abrazar la vida monástica, deseosos de mayor perfección, mas, después de pedir ahincadamente la iluminación celestial y el consejo de los prudentes, decidieron continuar en el orden secular, ascendiendo paulatinamente por los grados de la jerarquía.

La personalidad de Julián se abrillanta cada día más en el candelero enhiesto que era la ciudad real. Fue sobre todo desde la muerte de San Ildefonso cuando descuella y alcanza creciente celebridad en sus ministerios de diácono y presbítero. El conjunto de dotes naturales, la experiencia y maestría reveladas en el cumplimiento de los cargos desempeñados, en la recta gestión de los asuntos, en el trato social, en la digna manera de comportarse; el prestigio de sus virtudes y de su saber hicieron de Julián un dechado que Toledo entero podía admirar y que no podía ocultarse como luz bajo el celemín. Era el "varón de consumada prudencia".

A la terminación del verano del 679 su alma recibió un golpe durísimo con la muerte de su entrañable amigo, a la sazón arcediano, Gudila. A principios de enero del año siguiente moría también el metropolitano Quirico. La sede-vacante duró breves días, pues los electores unánimemente designaron para ocupar la silla de Toledo al esclarecido clérigo Julián, elegido el 16 de enero del 680 y consagrado el domingo, día 29, en el marco opulento de la basílica de Santa María por el obispo de Játiva.

Alrededor de los sesenta años debía de contar el nuevo metropolitano, cuando recayó sobre él la pesada carga del arzobispado de Toledo, que unía a las responsabilidades comunes de los otros prelados las que particularmente se relacionaban con las peculiares de ser obispo de la sede real y metropolitano de la provincia cartaginense, integrada por una veintena de diócesis sufragáneas, con cuyos prelados había de celebrar frecuentes consultas para el mejor resultado de las gestiones pastorales y civiles, someterlos a su propio tribunal, cuando la conducta de éstos así lo exigiera, y convocarles a concilio según las normas canónicas de la iglesia hispana.

Era tal la amplitud de funciones y de ejercicio de la Jurisdicción, que es fácil suponer la actividad del nuevo metropolitano.

En los comienzos del pontificado, un hambre horrenda fustigó a España. Las muertes por inanición se multiplicaban por doquier. Con tal motivo Julián hubo de desvivirse para remediar a los necesitados en grado tal, que las fuentes visigóticas, que apenas aluden en ningún momento a la beneficencia, reservan para el metropolitano de Toledo unas frases llenas del mayor encomio: "No podía ver que nadie estuviera necesitado sin lanzarse inmediatamente en su socorro, y fue tan extraordinaria su caridad, que jamás negaba cosa alguna al que se le acercaba; con tal modo de proceder buscaba hacerse grato a Dios y útil a los hombres".

Un asunto de enorme trascendencia política se produjo cuando apenas llevaba ocho meses ocupando la sede toledana. Traidoramente se había suministrado un narcótico al rey Wamba y durante el sopor producido por el bebedizo, el conde Ervigio, taimado autor de la felonía, hizo llamar al metropolitano a la residencia real y en ella le mostró un documento firmado por el monarca, a quien todos los ajenos a la conjura consideraban gravemente enfermo y sin sentido. En este documento, que el arzobispo vio refrendado por la suscripción real, el rey manifestaba vehementes deseos de morir con la profesión y hábito de penitente público. Engañado con tamaña falacia, procedió Julián a tonsurar al inconsciente monarca, reduciéndole al estado penitencial, por lo que quedaba incapacitado, si recuperaba la salud, para continuar ocupando el trono.

La añagaza de Ervigio para adueñarse del cetro visigótico hizo de San Julián un cómplice inconsciente, pues debe descartarse toda voluntariedad en la farsa, ya que, posteriormente a ella, a la pluma ágil del metropolitano de Toledo se debe la mejor apología del depuesto monarca.

Por el bien de la paz, el gran ideal de la iglesia hispana, se aceptó el hecho consumado y el arzobispo se vio compelido por la fuerza de las circunstancias a acatar la elección de Ervigio, reconocido como rey por quienes en la legislación vigente eran los legítimos electores.

Otro incidente serio se produjo con ocasión de haberse recibido en España para la adhesión del episcopado peninsular las actas del concilio tercero de Constantinopla, sexto de los ecuménicos. A la expresa aceptación de los obispos españoles, Julián, fogoso teólogo, adicionó un escrito donde se encontraron expresiones que en la curia pontificia parecieron malsonantes, sobre todo en aquella época en la que cualquier impropiedad de léxico podía acarrear tolvaneras de polémica, Al conocer el metropolitano la sospecha de heterodoxia, surgida en Roma sobre la pureza de su fe, tuvo una reacción enérgica; redactó otro escrito, avalado con testimonios de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, y lo remitió al Romano Pontífice con sensibles muestras de enojo, deslizando en él palabras duras para los contradictores. Esta nueva explicación, impecable desde el punto de vista teológico, satisfizo plenamente y traducida al griego se hizo llegar hasta el palacio imperial de Bizancio y tanto aquí como en la corte pontificia del papa Agatón mereció los más cumplidos elogios.

Fue durante su episcopado cuando la sede toledana alcanzó su más alto nivel en la jerarquía eclesiástica nacional. Celebrábase en los primeros días de enero del 681 el XII Concilio de Toledo. Tuvo carácter de asamblea nacional de todos los obispos del reino y en él se reunieron treinta y nueve prelados. El hecho de que Toledo fuera la sede metropolitana de la corte y el sistema en uso de la intervención real en el nombramiento de los cargos eclesiásticos inspiró la idea de que, para la mayor rapidez en la terminación de las sedes vacantes, los restantes metropolitanos cedieran en favor del de Toledo sus derechos de examen y confirmación de los obispos electos, quienes únicamente quedaban obligados a presentarse ante su respectivo arzobispo en el plazo de tres meses posteriores a su consagración. Esto, que canónicamente fue una norma de gobierno, acrecentó extraordinariamente la figura jerárquica del metropolitano de Toledo. A partir de "tan singular prerrogativa" —así se la designa en los textos conciliares—, el arzobispo de Toledo adquiere una indiscutible preeminencia sobre todos los prelados del reino. El será el primero en estampar su firma en las actas de los concilios y en presidir las sesiones sin guardar para nada el orden acostumbrado de antigüedad en la sede; en los casos de urgencia es él quien resuelve; muy en breve será su provincia la primera en reunirse para dar la norma a las demás sobre la citada adhesión al concilio, ecuménico de Constantinopla, mandando los demás metropolitanos sus representantes al sínodo de Toledo. En pocas palabras, tenemos la primacía de la iglesia toledana surgida canónicamente en los tiempos en que el metropolitano Julián vive el primer año de pontificado. La densa biografía de este insigne prelado, el más preclaro sin duda entre los celebérrimos que ocuparon la sede a lo largo del siglo VII, es difícil de condensar en una breve semblanza.

Hay, sin embargo, un aspecto, el de su producción literaria, que no puede ser pasado por alto. En la nota bibliográfica se elencan las obras llegadas hasta nosotros. En ellas se atiende a las necesidades presentes y todas manifiestan un clima de madurez, un perfilado estilo literario y una agudeza de pensamiento, que coronan el ciclo intelectual iniciado con San Isidoro a principios de la centuria.

El domingo, 6 de marzo del 690, fallecía San Julián a los diez años, un mes y siete días de haber ocupado la silla toledana. Su cuerpo, como el de sus antecesores, recibió sepultura en la basílica martirial de Santa Leocadia, junto al venerado cuerpo de la Santa.

Quien le trató íntimamente durante la vida y le sucedió a su muerte, nos ha dejado el más cumplido panegírico de sus virtudes episcopales.

Fue —escribe— limosnero con exceso, si en ello puede darse exceso, acudiendo prontamente al socorro de los desgraciados y poniéndose en el lugar de los débiles oprimidos.

"En sus intervenciones era discreto, y valiente en la resolución de los negocios intrincados; justo en dirimir los juicios, estuvo siempre inclinado a la aminoración de la pena, y dispuesto siempre a salir por los fueros de la justicia".

"Uníanse a estas dotes el laudable dominio de sí durante los debates, la fluidez de su palabra y la admirable devoción sentida por la exactitud en el rezo de las divinas alabanzas, estando siempre pronto para salir al paso de la más leve duda surgida sobre ello.

"Cuidadoso en extremo de la iluminación de los templos, se mostró eximio en vindicar el derecho de las basílicas, alerta en el gobierno de los súbditos y preparado siempre para escuchar a los humildes".

"Si en el ejercicio de tan alto cargo quiso rodearse de la magnificencia digna de su autoridad, privadamente estaba dotado de una humildad evangélica y sobresalía por la probidad integral de sus costumbres".

"Fue tal su misericordia que jamás hubo angustiado a quien no procurase aliviar, y era tan caritativo que nunca negó lo que por caridad se le pedía.

"De esta forma trabajó por hacerse agradable a Dios en todo y útil a los hombres, consiguiendo siempre agradar a Aquél y, en cuanto le fue posible, satisfacer a éstos por Dios.

"Y si en los dotes naturales no fue inferior a ninguno de sus nobles predecesores, tampoco les fue desigual por la abundancia de sus dignos merecimientos".

Tan bella apología que, como una estela laudatoria de su preclara existencia ha llegado hasta nosotros, se centra en torno a las tres grandes virtudes episcopales: celo, justicia y caridad, en las que sobresalió en grado preeminente, aunque la posteridad le estime más por la herencia recibida de su insigne magisterio doctrinal.

J. FRANCISCO RIVERA